La llegada de mi segundo nieto trajo a la vida de mi nieto mayor una serie de emociones y sentimientos con los que está aprendiendo a lidiar. Supo de su venida con ilusión, y lo aguardó con alegría. Su nacimiento fue motivo de gran emoción y así va aprendiendo a compartir con él el día a día. Una mezcla de sentimientos anida en su corazón y a veces, solo a veces, lo desbordan. Yo, que lo conozco bien, lo observo, lo intuyo, lo acompaño.
Totalmente desprendido de sus juguetes, le presta todas sus pertenencias sin reservas, y de la misma manera comparte con él el amor de cuantos le amamos. Sin embargo, hay momentos en que lo he notado un poco triste o sintiendo que su lugar se ve amenazado.
Abordé el tema con él en uno de esos momentos en que se sintió desbordado. Lo cargué, lo abracé, lo acuné, lo animé a desahogarse y lloró cuanto necesitó. Le expliqué que lo que él sentía era normal y que por muchas alegrías que le depare el tener un hermanito, también era humano y comprensible que se sintiera triste o temeroso de ya no ser el único "dueño" de tanto amor. Pero le dije que le iba a contar un secreto.
Le confié que cuando esperé la llegada de mi segundo hijo, temía no saber compartir por igual el amor que sentía por mi hija mayor, pero cuando él nació descubrí que lejos de tener que compartirlo, el amor creció, y se duplicó. Y añadí luego que cuando él nació, mi corazón había vuelto a crecer y tenía amor para mis hijos y para él y que lo mismo sucedió con el nacimiento de su hermanito, y que ahora mi corazón alberga mas amor aún para todos ellos.
Luego le dije al oído, "pero no olvides que tú tienes algo especial, y es que tú me enseñaste a ser abuela", me miró con mirada cómplice y feliz, me dijo ilusionado "¿de verdad?", secó sus lágrimas y me invitó a sentarnos a dibujar.




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