Caminaba el otro día muy apurada, pensando en lo que tenía pendiente de hacer en casa, y organizándome mentalmente en ello, cuando vi a lo lejos al señor del kiosko de la esquina, ordenando prolijamente las revistas, colgándolas con ganchos de ropa y llenando cada espacio vacío con ellas.
Al pasar junto al kiosko, sentí el olor característico de papel, tinta, revista nueva, y mis recuerdos viajaron en un instante a otra época, otros tiempos, y me vi a mi misma de niña caminando por la misma avenida de la mano de mi tía Oko, solo que a unas cuadras de distancia, llegando al pasaje estrecho donde exhibían y vendían "chistes". Cabe aclarar que acá en Perú le llamábamos chistes a las historietas o comics. Era un local alargado y estrecho, cuyas dos paredes estaban completamente cubiertas de chistes. Me encantaba entrar a mirar las novedades y cada vez que pasábamos cerca, rogaba que pudiéramos entrar y con suerte me compraran alguno.
En casa, a falta de un estante para juntarlos, me habían donado una batea, donde los iba juntando. Me recuerdo transitando con mi batea en dirección al sillón de la sala, donde me instalaba a leer, releer, y contemplar con emoción como el cerro de chistes iba creciendo y los ordenaba juntos por títulos. Entre mis favoritos recuerdo a Lorenzo y Pepita, Sal y Pimienta, Archi, Daniel el Travieso, Periquita, La pequeña Lulú, El pájaro loco, El inspector ardilla, y otros.
Vuelvo al momento presente con algo de emoción, menos prisa, y una sonrisa de niña en el rostro, y pienso que probablemente ahí empezó mi afición por la lectura, sumergida en esos chistes del ayer.


6 comentarios:
Ese aroma a páginas de papel es maravilloso! Tu paseo te llevó a esos hermosos momentos de tu infancia, Cecilia, un abrazo!
Leer siempre es un placer. No importa como uno empezó. Ya volvi. Te mando un beso y gracias por tu cariño.
Me encanta el olor a papel nuevo, que hermoso. Pude imaginar ese kiosco y la batea llena de historietas. Yo de chica leia de todo y recibia todas las semanas las revistas Anteojito, Billiken, Genios, el Oso Bussi, El cacique Patoruzu y las locuras de Isidoro Cañones jajajajaj me hiciste ir dos mil años atras, que recuerdos hermosos! creo que muchos descubrimos el placer de la lectura entre esas paginas sencillas que nos hacian reir y soñar. Gracias x los recuerdos entrañables. Un abrazo grande.
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Uuuy, sí. Recuerdos de un tiempo maravilloso. Acá en el centro de la ciudad, sigue también un estanquillo (kiosko) de toda la vida. Venden revistas, dulces, cigarrillos, refrescos, etc. En un lugar pequeñísimo. Y eso que nos cuentas me hace sentir cuando llevo a pasar por allí.
Un fuerte abrazo.
Y la trayectoria de vida viva que siempre experimentas. Y compartes... :)))))
Abrazos, Cecilia.
Soñadora, qué hermoso viaje el que cuentas. Ese olor a papel nuevo que te detuvo en plena prisa y te llevó de golpe a la niña que caminaba de la mano de tu tía Oko es pura magia de la memoria. También pude ver ese local estrecho lleno de chistes, las paredes cubiertas de historietas y tu batea creciendo como un pequeño tesoro que cuidabas con emoción. Qué fuerza tiene ese instante en el que vuelves al presente con una sonrisa de niña, sabiendo que quizá allí empezó tu amor por la lectura. Gracias por compartir un recuerdo que ilumina.
Un fuerte abrazo, Cecilia.
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