Suena gracioso ¿no? Pero es verdad, he llegado a la conclusión de que solemos olvidarlo. Te invito a recordar cuándo fue la última vez que pensaste en respirar en profundidad y conscientemente. La mayoría de nosotros responderá que hace mucho o que no suele pensar en ello, total si es tan fácil e innato respirar, no tiene sentido pensar en ello.
Según lo que he leído, cuando nacemos y mientras somos niños solemos respirar mejor, pero hay algún momento en el camino a ser adultos en que vamos haciendo a un lado esta buena práctica y nos limitamos a respirar “en automático”. Al hacer esto oxigenamos solo a medias nuestros pulmones y en general, nuestro organismo se pierde del beneficio de respirar adecuadamente.
Pero yo he observado que esto va más lejos aún, la respiración es una de las mejores terapias anti estrés que conozco, y no necesitamos ser unos expertos, tan solo necesitamos robarnos un par de minutitos algunas veces al día, e inhalar conscientemente por la nariz intentando llevar oxigeno a cada rincón del cuerpo, saborear ese aire y luego expelerlo de a poquitos por la boca y nariz, disfrutando el momento. Sentirás inmediatamente la diferencia, tus pensamientos se ordenaran, y poco a poco la serenidad irá reemplazando al bullicio interior.
Los que practican deportes, yoga, taichí o meditación saben muy bien de esto, y por ello le dedican su tiempo e importancia.
Yo intento hacerlo por las mañanas, luego de mi sesión de ejercicios. Me tumbo en el piso, cierro los ojos, y siento el contacto del piso con mi cuerpo, me apoyo bien, suelto los brazos y las piernas y me relajo. De pronto estoy en el paisaje mas relajante que en ese momento puedo imaginar, sea en la montaña, en el río, a la orilla de un lago, junto a una cascada, en el bosque o quizás caminando por la arena junto al mar. Entonces inhalo con profundidad por la nariz, contengo el aire un momento y luego exhalo, siento paz y serenidad, una sonrisa quiere aflorar, vuelvo a respirar, puedo sentir como el oxigeno va inundando mi ser y llega a mis pulmones y a mi cerebro, las ideas se aclaran, vuelvo a exhalar. Una vez más respiro, contengo y exhalo. La magia se ha producido, estoy relajada, confiada, serena, recargada, dispuesta a vivir un día pleno.
Luego, en el transcurso del día, cuando lo recuerde, haré un par de respiraciones más, aún sentada en mi escritorio, sé que mi cuerpo y mi mente me lo agradecerán. Te animas a probarlo? Si ya lo haces, te invito a compartir tu experiencia en los comentarios.


















