Pensaba estos días en cuanto puede influir la actitud que asumimos al emprender una actividad o un proyecto, en el resultado que obtengamos. Cuando lo hacemos con ganas, con entusiasmo, con alegría, pensando que saldrá bien, es mas posible que las cosas marchen bien o se encaminen.
Cuando vamos temerosos, inseguros, dudando del resultado o de poder lograrlo, faltará esa chispa que aviva el fuego y que nos hace ser más creativos y nos encamina a lograrlo, y será más difícil el camino.
Recuerdo siempre una ocasión en la que dos amigos emprendieron un proyecto similar en la misma época. Eran dos jóvenes que viajaron un verano a una oportunidad de trabajo de temporada. Uno de ellos era optimista, seguro, sentía que podía lograr sus metas y se "lanzaba a la piscina" con confianza. El otro sentía que el mundo era un lugar oscuro y amenazante, que todo era difícil de alcanzar y emprendió con la idea de que "quizás funcione".
Al primero le fue de maravilla, obtuvo mas de lo que hubiera esperado y volvió empoderado. El segundo regresó decepcionado, dolido por su fracaso y convencido de que todo le sale siempre mal porque el mundo es así.
La diferencia entre ambos fue la actitud, basada en sus creencias, propias o aprendidas. Intentemos enfocarnos en positivo y aprendamos a creer y confiar en nuestras capacidades. Seguro que obtendremos mejores resultados.


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